La Primera Guerra Mundial, un conflicto que asoló Europa y gran parte del mundo entre 1914 y 1918, fue un crisol de estrategias militares, avances tecnológicos y, sobre todo, la influencia decisiva de los generales al mando de los ejércitos implicados. Este conflicto, que involucró a más de 65 millones de soldados y causó la muerte de más de 38 millones de personas, dejó una huella imborrable en la historia, marcada por la sucesión de victorias y derrotas, muchas de ellas directamente atribuibles a las decisiones y capacidades de sus líderes militares. La Gran Guerra nos legó un rico legado de figuras militares, algunas aclamadas como héroes, otras condenadas al olvido o a la crítica histórica.
Este artículo se propone analizar las trayectorias de algunos de los generales más relevantes de la Primera Guerra Mundial, explorando tanto sus éxitos militares como sus fracasos, sus estrategias y su impacto en el desenlace del conflicto. Se examinarán sus decisiones cruciales, las consecuencias de sus acciones y la perspectiva histórica que nos permite hoy valorar su legado. Se profundizará en las campañas en las que participaron, poniendo especial énfasis en los aspectos estratégicos y operativos que definieron sus logros y sus derrotas. Se pretende así ofrecer una visión detallada y matizada de la influencia de estos líderes militares en el desarrollo de la Gran Guerra.
Maurice Sarrail: Fracaso en Salónica
El general Maurice Sarrail, a pesar de gozar de una considerable popularidad en ciertos sectores de la opinión pública francesa, se convirtió en una figura controvertida por su desempeño en la desafortunada campaña de Salónica. Su estrategia, centrada en un avance multi-nacional y ambicioso en los Balcanes, se vio lastrada por la falta de coordinación entre las diversas fuerzas aliadas implicadas, así como por las dificultades logísticas inherentes a un terreno complejo y hostil. La campaña de Salónica, lejos de constituir un golpe decisivo contra el Imperio Austro-húngaro, se transformó en un largo y sangriento estancamiento que consumió importantes recursos humanos y materiales sin obtener resultados proporcionales al esfuerzo invertido.
La falta de claridad en los objetivos estratégicos, sumada a las tensiones internas entre los distintos ejércitos aliados, contribuyó al fracaso de la campaña. Sarrail, a pesar de su determinación y valentía, no logró imponer una visión unificada y eficaz que permitiera superar las dificultades logísticas y tácticas que presentaba el frente. La resistencia del ejército búlgaro, reforzado por las tropas alemanas y otomanas, resultó superior a las previsiones de Sarrail, quien se vio incapaz de romper el deadlock que se prolongó durante años.
La opinión pública francesa, inicialmente favorable a Sarrail, acabó por volverse crítica con sus acciones a medida que se hacía patente el fracaso de la campaña de Salónica. El alto costo en vidas humanas y la ausencia de resultados tangibles minaron la confianza en el general, contribuyendo a su posterior destitución. Su figura, por tanto, se erige como un ejemplo de cómo una estrategia, aun con un planteamiento audaz, puede fracasar por la falta de una adecuada coordinación, una valoración correcta del terreno y de las capacidades del enemigo.
Erich Ludendorff: Victorias y fracasos
Erich Ludendorff, uno de los líderes militares más relevantes del Imperio Alemán durante la Primera Guerra Mundial, fue una figura clave en las victorias iniciales de Alemania. Su capacidad estratégica y su audacia táctica fueron cruciales en el desarrollo de la guerra de movimientos al principio del conflicto. Su colaboración con Paul von Hindenburg en el frente oriental fue determinante para el éxito de las ofensivas alemanas en los primeros años de la guerra, logrando importantes victorias estratégicas sobre el ejército ruso.
Sin embargo, la ambición de Ludendorff y su visión inflexible llevaron a tomar decisiones estratégicas de consecuencias fatales. Su insistencia en la guerra submarina sin restricciones, que provocó la entrada de Estados Unidos en la guerra, representó un punto de inflexión decisivo que inclinó la balanza en contra de Alemania. Esta decisión, tomada con la esperanza de bloquear las líneas de suministro británicas, tuvo el efecto contrario, al impulsar la intervención de una potencia industrial y militar de primer orden en contra de las potencias centrales.
Además de su papel en la guerra submarina sin restricciones, Ludendorff también jugó un papel determinante en la negociación del tratado de Brest-Litovsk con la Rusia soviética. Si bien este tratado supuso un importante alivio para el frente oriental alemán, al liberar un considerable número de tropas, las severas condiciones impuestas a Rusia contribuyeron a la expansión del bolchevismo y a la creación de un enemigo ideológico a largo plazo para Alemania. Mientras que Ludendorff contribuyó a victorias iniciales, sus decisiones estratégicas a largo plazo, impulsadas por una visión inflexible, finalmente contribuyeron al colapso del Imperio Alemán.
La Guerra Submarina sin Restricciones
La decisión de impulsar la guerra submarina sin restricciones se presentó como un riesgo calculado, aunque la realidad demostró lo contrario. El cálculo de Ludendorff se basó en la posibilidad de bloquear eficazmente el suministro de material bélico a Gran Bretaña, debilitando de forma decisiva su capacidad de resistencia. No se tuvo en cuenta el riesgo de una intervención directa de Estados Unidos, una potencia industrial capaz de inclinar la balanza de la guerra en favor de los aliados.
La entrada de Estados Unidos en la guerra, consecuencia directa de la guerra submarina sin restricciones, cambió el curso del conflicto, proporcionando a los Aliados un inmenso caudal de recursos humanos y materiales que les permitieron superar la superioridad inicial de las fuerzas alemanas. La decisión de Ludendorff, por lo tanto, se presenta como un ejemplo paradigmático de una apuesta estratégica de alto riesgo que no tuvo en cuenta las variables geopoliticas y su impacto en el desarrollo del conflicto.
Frederick Stanley Maude: Conquista de Bagdad
El general Frederick Stanley Maude tuvo un papel crucial en la exitosa campaña mesopotámica, logrando la conquista de Bagdad en 1917. Su estrategia, caracterizada por una meticulosa planificación y una eficaz combinación de fuerzas terrestres y navales, permitió superar las dificultades del terreno y las resistencias del ejército otomano. Maude demostró una notable capacidad para coordinar las operaciones militares en un ambiente complejo, considerando las condiciones geográficas y las limitaciones logísticas, lo que le permitió lograr una importante victoria estratégica para los aliados.
La conquista de Bagdad no sólo tuvo un significativo impacto militar, sino también un profundo valor simbólico. Bagdad, como capital del califato otomano, representaba un objetivo de gran importancia estratégica, además de un símbolo del poder otomano. Su captura supuso un importante golpe contra el prestigio de Imperio Otomano y un impulso para el moral de las tropas aliadas.
Sin embargo, la trágica muerte de Maude a causa del cólera, poco después de la victoria en Bagdad, impidió que pudiera consolidar los logros obtenidos en la campaña. Su inesperada muerte dejó un vacío difícil de llenar en el mando de la fuerza expedicionaria, aunque la estrategia y los objetivos de Maude continuaron su curso bajo sucesores menos capaces y determinantes. Su legado, sin embargo, quedó marcado por su brillante desempeño en la campaña de Mesopotamia, así como la conquista de Bagdad.
John Monash: Innovación y éxito en Amiens

El general John Monash, líder australiano de brillante trayectoria, destaca por su innovadora visión estratégica y táctica, especialmente en el contexto de la batalla de Amiens en 1918. Su enfoque, caracterizado por una cuidadosa planificación, el empleo eficiente de la tecnología (con el uso coordinado de tanques y artillería) y la integración eficaz de las tropas bajo su mando, logró un importante avance en el frente occidental. Monash demostró una maestría inusual en la coordinación de fuerzas de diferentes nacionalidades, generando un alto grado de cohesión y eficacia en el combate.
La batalla de Amiens se considera un punto de inflexión en la guerra, marcando el comienzo del colapso del ejército alemán en el frente occidental. El planeamiento táctico de Monash, un ejemplo de estrategia moderna, supuso una sorpresa completa para el ejército alemán, cuyos planes defensivos se vieron sobrepasados por la velocidad y la fuerza del ataque aliado.
La habilidad de Monash para la innovación en el campo de batalla y su capacidad de liderazgo inspiraron a sus tropas y sorprendieron al enemigo. Su victoria en Amiens es un ejemplo notable de cómo una planificación meticulosa, la correcta aplicación de la tecnología disponible y una coordinación efectiva entre tropas de distintas nacionalidades puede marcar la diferencia en el resultado de un combate. Su figura se alza como un ejemplo de la importancia de la innovación y el liderazgo en el éxito de una campaña militar.
Louis Franchet d’Espèrey: Victoria en Macedonia
El general Louis Franchet d’Espèrey, después de unos comienzos en la campaña de Salónica marcados por algunas dificultades, logró un importante triunfo en el frente macedonio, liderando la ofensiva que concluyó con la rendición del Imperio Austro-Húngaro. Su capacidad para integrar y coordinar las fuerzas aliadas que operaban en los Balcanes, superando las disputas internas y las tensiones inter-aliadas, fue esencial para este éxito. Su estrategia fue clave para la desestabilización del frente búlgaro y la posterior retirada de los ejércitos de los imperios centrales, lo que sentó las bases del fin de la guerra.
Después de varios meses de una cuidadosa planificación, Franchet d’Espèrey lanzó una ofensiva decisiva que superó la resistencia búlgara. La cooperación entre las diferentes fuerzas aliadas y la eficacia de los ataques coordinados sorprendieron al enemigo, logrando romper las líneas de defensa y forzando su retirada.
La victoria macedonia, impulsada por el éxito de Franchet d’Espèrey, tuvo un impacto decisivo en el resto de los frentes de la guerra, ya que la retirada de Bulgaria debilitó sustancialmente la posición de las Potencias Centrales, contribuyendo a la inminente derrota de Alemania y Austria-Hungría. Su habilidad para coordinar y dirigir las fuerzas aliadas en un teatro de operaciones complejo y en un contexto político difícil, lo consolidó como una figura clave en la victoria aliada.
Paul von Hindenburg: El frente oriental
El mariscal Paul von Hindenburg, una figura militar de gran prestigio dentro del ejército alemán, retornó del retiro para tomar el mando del ejército alemán en el frente oriental. Su colaboración con Ludendorff en este frente resultó determinante para el éxito inicial del ejército alemán contra Rusia. Su estrategia, basada en una sólida defensa y en contraofensivas oportunas, les permitió resistir los embates del ejército ruso, logrando contener el avance del enemigo. Sus decisiones tácticas, en combinación con el talento estratégico de Ludendorff, condujo a importantes victorias contra el ejército ruso durante las fases iniciales de la guerra.
A pesar de las victorias iniciales, su papel durante la etapa final de la guerra tuvo menos impacto positivo. A medida que la guerra se prolongaba, la superioridad numérica y material de los aliados, en especial después de la entrada de EE.UU. en el conflicto, se volvió insalvable para Alemania. Su papel en la ofensiva final de 1918, aunque inicialmente exitosa, acabó colapsando ante la superioridad del avance aliado, reflejando así el declive del esfuerzo bélico alemán.
Hindenburg, a pesar de sus logros estratégicos, no logró evitar la derrota final de Alemania. Su larga trayectoria y experiencia militar, sin embargo, le confieren un lugar indiscutible en la historia de la Primera Guerra Mundial, aunque su legado esté mezclado entre éxitos iniciales y un fracaso final que desembocó en la derrota de su país.
Paul von Lettow-Vorbeck: El León de África
El general Paul von Lettow-Vorbeck, conocido como el «León de África», lideró una notable campaña en África Oriental durante la Primera Guerra Mundial. Su brillante estrategia, consistente en la aplicación de tácticas de guerrilla y la movilidad continua, le permitió mantener una activa resistencia frente a las fuerzas británicas, portuguesas y belgas, mucho más numerosas y equipadas. Durante cuatro años, evitó ser derrotado en cualquier batalla importante, causando considerables pérdidas al enemigo y obstaculizando su avance.
Su campaña se caracteriza por su gran audacia, sus tácticas inusuales y su gran capacidad de adaptación a un terreno complicado. Lettow-Vorbeck demostró un gran dominio en la guerra irregular, aprovechando su conocimiento del terreno y la logística del lugar, además de usar la movilidad como la mejor arma.
La campaña de Lettow-Vorbeck, a pesar de su aislamiento y las desigualdades materiales, representa un impresionante ejemplo de talento militar y resistencia. Su estrategia, basada en la guerra de guerrillas y la evasión del enemigo, fue muy exitosa al prolongar la guerra en África Oriental, desgastando los recursos del enemigo y obteniendo una notable victoria moral. Su figura se ha convertido en una leyenda militar, siendo considerado como una figura excepcional dentro de la historia militar alemana.
Douglas Haig: Ofensivas costosas

El general Douglas Haig, comandante en jefe del ejército británico en el frente occidental, dirigió una serie de ofensivas en el frente occidental que se caracterizaron por su alto coste humano. Ofensivas como la Batalla del Somme, aunque lograron avances tácticos limitados, causaron un número enorme de bajas tanto en el bando británico como en el alemán. Las tácticas de Haig, a menudo criticadas por ser inflexibles y desconsideradas con la vida de sus tropas, han sido objeto de un intenso debate historiográfico.
Las fuertes críticas hacia Haig se centran en su insistencia en las ofensivas frontales, a pesar de las evidentes dificultades y las fuertes pérdidas. Su falta de innovación táctica, sumado a su poca capacidad para adaptarse a las nuevas circunstancias de la guerra, se consideran factores que contribuyeron al gran número de bajas en el ejército británico.
Las controversias alrededor de la figura de Haig siguen vigentes. Mientras algunos lo consideran un líder que perseveró ante las adversidades, otros lo condenan por su ineficacia estratégica y su falta de consideración por la vida de sus soldados. La verdad, como suele suceder en la historia, es mucho más matizada, considerando que actuó bajo la presión y la lógica estratégica imperantes de la época.
Ferdinand Foch: El mando aliado
Ferdinand Foch, quien tuvo una participación destacada en la Primera Batalla del Marne, se convirtió en comandante supremo de las fuerzas aliadas en 1918. Su nombramiento, en un momento crítico de la guerra, significó una apuesta por un liderazgo fuerte y coordinado capaz de impulsar una ofensiva conjunta capaz de vencer a las potencias centrales. Foch se caracterizó por su capacidad para coordinar las operaciones militares en los diferentes frentes, aunando los esfuerzos militares de los ejércitos aliados.
Su estrategia fue clave en la contraofensiva aliada de 1918, que culminó con la derrota de Alemania. Su capacidad para dirigir las fuerzas de varias nacionalidades, integrándolas eficazmente en una estrategia coordinada y efectiva, marcó la diferencia en el resultado de la guerra.
La victoria aliada se debe, en gran medida, a la capacidad de liderazgo de Foch. Su designación como comandante supremo unificó el mando y la estrategia aliadas, estableciendo un liderazgo efectivo que culminó con la derrota de Alemania y el fin de la Primera Guerra Mundial.
John Pershing: La AEF y la ofensiva Meuse-Argonne
El general John Pershing, comandante de la Fuerza Expedicionaria Americana (AEF), representó un factor decisivo en el desenlace de la guerra. Su decisión de mantener la AEF como fuerza independiente, aunque controversial, le permitió preservar su eficacia y cohesión interna. Esta decisión, a pesar de las fricciones con los altos mandos aliados, le permitió preparar la participación de los estadounidenses en la guerra y preparar la gran ofensiva Meuse-Argonne.
La ofensiva Meuse-Argonne, liderada por Pershing, constituyó una importante victoria para las fuerzas aliadas, con un coste humano significativo, pero con un importante impacto en el avance aliado y el colapso final del ejército alemán.
La posición de Pershing, exigiendo una rendición incondicional alemana, reflejó la determinación de Estados Unidos para asegurar una paz duradera. Su decisión de mantener la independencia de la AEF y su estrategia exitosa en la ofensiva Meuse-Argonne convirtieron a Pershing en una figura central en la victoria aliada.
Conclusión
La Primera Guerra Mundial ofreció un escenario complejo donde el desempeño de los generales fue un factor determinante en el desarrollo del conflicto. Los ejemplos analizados en este artículo muestran la variedad de estrategias, la gama de éxitos y fracasos, y el impacto que las decisiones de estos líderes tuvieron en el desenlace de la Gran Guerra. Desde las costosas ofensivas de Haig hasta el éxito innovador de Monash, pasando por la resistencia tenaz de Lettow-Vorbeck o el impacto decisivo de la AEF de Pershing, la Primera Guerra Mundial nos dejó una rica herencia de experiencias militares que todavía hoy alimentan el debate historiográfico.
La figura de los generales involucrados no estuvo exenta de controversias. El debate sobre sus decisiones estratégicas, sobre el coste humano de sus acciones y sobre su legado en la historia sigue vigente. Algunos generales alcanzaron un éxito rotundo, mientras que otros dejaron tras de sí un legado de fracasos y costosas derrotas. Sin embargo, todos ellos contribuyeron, de una u otra forma, a moldear el curso de una de las guerras más devastadoras de la historia. El análisis de sus vidas y acciones ofrece una valiosa perspectiva sobre las complejidades de la guerra y la influencia del liderazgo militar.
El estudio de sus estrategias y sus resultados, con sus victorias y fracasos, nos permite comprender mejor las dinámicas de la Gran Guerra y la importancia de la planificación estratégica, la logística, la capacidad de liderazgo y, por supuesto, la complejidad de la guerra en el resultado final. Las negritas de estos términos ayudan a entender el desarrollo del conflicto.

